Tras casi una década de fracturas internas, intervenciones sucesivas y una institucionalidad paralizada, el PRO de Tucumán finalmente tiene un nuevo presidente. Benjamín Terraf, concejal de Tafí Viejo y referente local de la Fundación Pensar, fue proclamado esta semana al frente del sello amarillo, tras un proceso de normalización que solo registró su lista como participante. Su ascenso marca el fin de un laberinto político que mantuvo al partido bajo la órbita directa de la conducción nacional desde 2018, y lo pone a disposición de la estrategia que impulse Mauricio Macri.
Un partido en terapia intensiva
La historia reciente del PRO tucumano es la de una organización en constante crisis. Las divisiones insalvables entre sus dirigentes, sumadas a denuncias cruzadas por irregularidades en los padrones, hicieron imposible la renovación democrática de sus autoridades. Esta parálisis forzó a la mesa nacional a decretar sucesivas intervenciones, priorizando la participación electoral por sobre la vida interna del partido. La última de ellas, ordenada por Patricia Bullrich a principios de 2023, se extendió hasta que Macri retomó el control formal del sello y designó a Alejandro Finocchiaro como interventor, con la misión de negociar acuerdos con La Libertad Avanza.
El largo camino hacia la normalización
El proceso que culminó con la proclamación de Terraf fue tortuoso y estuvo lejos de ser armonioso. Capitaneado por el último interventor, Gabriel Santillán, el cronograma electoral fue extenso y enfrentó un recurso judicial que buscó frenarlo, alegando problemas en los padrones y discrepancias con la Carta Orgánica. Aunque inicialmente se esperaba la participación de hasta tres espacios, solo uno concretó la inscripción, dejando a Terraf como único candidato. Su respaldo combina su propio espacio con un grupo de militantes históricos del sur provincial, mientras que una tribu de macristas con cargos nacionales en Tucumán, que había amagado con competir, finalmente se abstuvo.
La normalización llega en un momento crucial, donde el partido debe redefinir su lugar en el mapa político provincial y nacional. Terraf, ahora al mando de una estructura que busca recomponerse después de años de dependencia, tiene el desafío de unificar las distintas vertientes internas y proyectar una alternativa creíble de cara a los próximos comicios. Su liderazgo será la prueba de fuego para demostrar si el PRO tucumano puede, finalmente, caminar con sus propias piernas.




