Ayer, el domingo 21 de junio, una frase de Lionel Scaloni, el estratega de nuestra Selección Argentina, sacudió el tablero y dejó pensando. «Está un poco jodido saber por dónde va el Mundial», soltó el técnico antes de enfrentar a Austria, y la verdad, che, ¿qué nos pasa? ¿Jodido? ¿Tan incierto es el panorama a esta altura?
En cada reunión de amigos en los patios de los Sectores del 300, en la Avenida Raya, o en los picados de la plaza principal, la Scaloneta es tema de debate constante. Todos le metemos fichas, le ponemos el corazón, y ahora nos salen con esto. Esta declaración de Scaloni, más allá de la coyuntura del partido con Austria –que es importante, obvio–, nos interpela directamente sobre lo que esperamos de este Mundial 2026. Después de Qatar, donde la mística y el ‘Dibu’ nos llevaron a la gloria, ¿volvemos a la incertidumbre de antes?
No hay que ser un experto analista para sentir que algo se mueve por debajo. ¿Es una forma de bajar las expectativas gigantes que tenemos, sobre todo acá en Argentina, después de haber tocado el cielo con las manos? ¿O es que el DT realmente ve un escenario tan complejo que no tiene certezas? A los que vivimos el fútbol con la sangre hirviendo en las venas, acá en Tafí Viejo, cada palabra del técnico se analiza con lupa. Imaginate en los bares de la Avenida Martín Blanco, o en la cola del almacén, la discusión que se armó con esta frase. ¿Será que Scaloni está buscando sacarse presión de encima, o está siendo brutalmente honesto con lo que percibe del camino hacia la Copa?
Nosotros, los que nos bancamos madrugadas y desvelos por la celeste y blanca, los que pintamos los autos y las veredas cada cuatro años, necesitamos una brújula. Necesitamos sentir que hay un plan, que no es todo «a ver qué onda». Y que el «jodido» de Scaloni no sea un anticipo de un Mundial donde la Selección va a los tumbos.
La pregunta que queda flotando en el aire de Lomas de Tafí es cruda y directa: ¿Scaloni está sincerándose sobre la complejidad de un torneo sin margen de error, o nos está preparando el terreno para una eventual caída, lavándose las manos de antemano? Que no nos venga con excusas cuando la pelota empiece a rodar de verdad. La gente de acá, la que siente la camiseta en el alma, quiere respuestas y, sobre todo, un equipo que deje la vida en cada cancha. El «quilombo» lo bancamos si es con garra, pero que no sea por falta de previsión. ¿Ustedes qué piensan, vecinos? ¿Es honestidad brutal o estrategia pura para calmar las aguas… o para desorientarnos aún más?


