En el corazón de San Miguel de Tucumán, donde la calle Mendoza respira comercio y movimiento, dos historias jóvenes comenzaron a escribirse con tinta laboral. Lourdes Julieta Juárez y Karen Juliana Jiménez, bajo el ala de la Dirección de Empleo de la provincia, están viviendo sus primeras experiencias de entrenamiento en Catalina Boutique, un local de indumentaria que se transformó en su aula práctica. Este programa, que se enmarca en la línea de Intermediación Laboral de la Secretaría de Producción, no es solo un primer empleo: es un puente tendido entre la expectativa y la concreción, entre el estudio y la práctica real.
El valor de la primera oportunidad
Para ambas, este entrenamiento representa mucho más que una actividad temporal. Es la materialización de ese ansiado primer contacto con el mundo del trabajo, una instancia donde los conocimientos teóricos chocan con la realidad de un mostrador, una caja registradora y la diversidad de clientes. «Esta experiencia me sirvió muchísimo porque aprendí varias cosas que antes no sabía cómo se manejaban en un local de ropa», confesó Lourdes en declaraciones recogidas por la fuente oficial. Su compañera Karen agregó, desde la misma perspectiva del descubrimiento: «Me siento muy cómoda y estoy muy conforme. Mis compañeras me han enseñado muchísimo y el acompañamiento que recibí fue muy importante para mí».
Un programa con visión de futuro
La visita realizada por personal de la Dirección de Empleo a la boutique no es un mero trámite administrativo. Es la punta de lanza de una estrategia que busca afianzar vínculos con el sector privado y construir relaciones de confianza duraderas. Según explicaron desde el organismo, estas acciones periódicas permiten acompañar el desarrollo de las experiencias de entrenamiento y favorecer la articulación necesaria para que más tucumanos y tucumanas puedan incorporarse al mercado laboral. La inserción, destacan, es un paso fundamental para mejorar las posibilidades de desarrollo personal y profesional en la provincia.
Durante su período en el local, las jóvenes no solo se familiarizaron con las tareas operativas de un comercio de indumentaria. Su aprendizaje abarcó desde la atención al público hasta la logística interna, adquiriendo herramientas prácticas que fortalecen sus perfiles laborales. «Aprendí a saber qué es lo que quieren las personas y cómo atenderlas. La verdad que está muy bueno porque te facilita mucho el aprendizaje y te permite adquirir experiencia», reflexionó Lourdes. Detrás de cada etiqueta colgada y cada consulta respondida, hay un capital de experiencia que, en el futuro, se traducirá en autonomía y competitividad en un mercado laboral cada vez más exigente.
Fuente: LDT G – comunicaciontucuman

