En la cancha auxiliar del Monumental, pero con la misma presión de la principal, las jóvenes promesas de River y Boca vivieron su propio derbi. Apenas a un mes del Superclásico que paralizará al país, los equipos de Reserva ofrecieron un anticipo cargado de emoción, errores caros y reacción inmediata, que terminó en un empate 2-2 que reflejó la paridad absoluta entre dos de los mejores planteles de la categoría.
Un clásico de ida y vuelta desde el vamos
El partido no tuvo tiempo de acomodarse. River, con la ventaja de localía, intentó imponer su ritmo, pero fue Boca el que mostró mayor puntería en un inicio. A los 26 minutos, un error en la salida del arquero millonario, Martín Martinet, fue capitalizado con frialdad por los visitantes: Bacidalupe recuperó y Ferreira definió cruzado para abrir el marcador. Sin embargo, el festejo xeneize duró lo que tarda un contraataque. En la jugada siguiente, River respondió con un remate de Pereyra que, tras desviarse en Coria, terminó en el fondo de la red, poniendo el 1-1 y dejando en claro que nada estaría definido.
La mentalidad como factor decisivo
Con el empate en el marcador, el duelo se transformó en un pulso táctico y anímico. Ambos técnicos movieron el banco en busca de un golpe de efecto. En Boca, los cambios le dieron un nuevo impulso al equipo, que volvió a ponerse en ventaja gracias a una gran asistencia de Tomás Márquez para que Franco Pérez marcara el 2-1. Pero River, una vez más, demostró la fortaleza mental que caracteriza a su casa. La entrada de Tomás Flores, incisivo y veloz, cambió la dinámica. El delantero fue determinante para generar peligro y finalmente forzar el empate definitivo, sellando un 2-2 que resonó como un justo premio al esfuerzo de ambos bandos.
El partido dejó una enseñanza clara para estos futbolistas que sueñan con el partido grande: en un Superclásico, la pelota nunca se deja de correr. Hubo momentos de dominio alternado, errores que se pagaron caro y, sobre todo, una capacidad de reacción inmediata que es la esencia misma de este duelo. Más allá del resultado, tanto River como Boca exhibieron un plantel de Reserva con personalidad y proyección, confirmando que el futuro del clásico argentino está en buenas manos. Ahora, la pelota pasa a la Primera División, donde los titulares tendrán la enorme responsabilidad de igualar o superar el espectáculo ofrecido por los pibes.
Fuente: LDT – Deportes – ole

