La Gaceta: Caños de escape libres: el ruido de las motos es solo una parte del problema

Los vehículos que modifican el caño de escape son un peligro porque se usan para hacer picadas y no tienen elementos de seguridad. Vecinos de Lomas de Tafí están hartos de estos rodados.

El rugido de los motores y el sonido ensordecedor de los caños de escape ya se han vuelto parte del ruido ambiental en varias avenidas de Lomas de Tafí los miércoles, los viernes y también durante los fines de semana, cuando las motos son las protagonistas de las picadas nocturnas.

“Los caños de escape libre no nos dejan dormir”, protesta Claudio Artaza Saade, vecino del barrio. El especialista en seguridad vial sabe perfectamente que esta situación es ilegal, por lo que en más de una oportunidad llamó al 911 de la Policía. “Según me dicen, no pueden hacer nada porque las motos, por hacer ruido, no incumplen las normas de tránsito”, apunta.

Luego explica: “según la Ley Nacional de Tránsito, en su artículo 34, las características de seguridad de los vehículos librados al tránsito no pueden ser modificadas”.

Pero hay otro punto importante además de que alteran la paz, según analiza el experto: el caño de escape libre es la raíz de otros muchos males en el tránsito. “El conductor de un vehículo con el caño de escape libre es totalmente desaprensivo sobre las normas de circulación: no les importa producir ruidos molestos, conduce de forma temeraria, e infringe así las normas sobre velocidades máximas y conducción arriesgada. En estos rodados, en su mayoría modificados para picadas, se lanzan a la calle sin casco, sin espejos retrovisores, sin luces y muchas veces sin los frenos funcionando al 100%”, sostiene.

Para que las motos queden más livianas y alcancen mayor velocidad, les sacan piezas (además de los espejos retrovisores, los guardabarros), les modifican el sistema de carburación, les acortan los amortiguadores y les cambian los manubrios y los asientos para mayor comodidad del conductor. La alteración del caño de escape tiene que ver con los ruidos: así generan lo que le llaman “tirar cortes”, que son una especie de explosiones.

Preocupación

“Hay una gran preocupación entre los vecinos. Las noches ya no son tranquilas en Lomas de Tafí. Hay un reclamo generalizado por las juntadas que se producen sobre la avenida Raúl Alfonsín, donde se producen picadas de motos. Los ruidos de los caños de escape son realmente un tormento”, cuenta Gustavo Coronel, vecino y autor de una página donde se publican noticias acerca de la vida en este megabarrio de más de 5.000 viviendas.

Coronel cuenta que, pese a los operativos policiales en los que han secuestrado varias motos, las picadas persisten y los vecinos tienen miedo de que haya una tragedia. Hay controles, pero los jóvenes se reúnen en el lugar y, si ven que no hay vigilancia, compiten. “Para mí es una cuestión cultural. Tampoco puede haber un policía parado todo el día en el lugar”, evaluó.

Luciano Fernández, otro habitante del lugar, opina que las picadas son improvisadas: “se cruzan, se hacen señas o aprietan el acelerador y sin más corren”. “También hacen willy. Estamos afligidos; no queremos esperar a que muera alguien para que paren, porque si esto sigue así seguro va a ocurrir una tragedia”, añade.

Más controles

“El uso del caño de escape libre puede considerarse también desde la perspectiva del artículo 77 de la Ley Nacional de Tránsito, el cual dice que son faltas graves las que afectan por contaminación al medio ambiente”, sostiene Artaza Saade, que dirige la Fundación Alerta en el Camino.

Para el experto, es necesario que haya un plan activo que incluya mecanismos de control. “Hay que empezar por ahí, por todas las transgresiones que cometen los motociclistas, porque esto es lo que más llena las guardias de los hospitales”, sostuvo. Propone que los controles se hagan, por ejemplo, en los deliverys y cadeterías, donde hay muchas motos que se usan con caños de escape modificados.

En la capital, por ejemplo, los escapes libres o alterados de las motos están prohibidos por ordenanza, ya que ocasionan ruidos molestos. La Dirección de Tránsito se encarga de controlar que se cumpla esa norma. El subsecretario de Tránsito, Enrique Romero, señaló que durante los operativos se detectan motos con escape libre y se las secuestra. “Generalmente, estos vehículos incumplen otras normas: van sin espejos retrovisores y a veces circulan hasta sin chapa patente”, describió. Y admitió que son un peligro.

El centro es, en la capital, el principal lugar donde los vecinos sufren por los ruidos molestos que generan las motos. En una medición que realizó la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) con un decibelímetro se mostró que el peor de los ruidos era el sonido de las motos con escape libre (126,3 dB). Según la Organización Mundial de la Salud, lo máximo que soporta un ser humano son 70 decibeles (dB). A partir de los 70 dB y hasta los 80 dB, se pueden producir daños físicos y emocionales.

En otras provincias e incluso en Tucumán, específicamente en Concepción, hubo otras iniciativas para tratar de controlar este tipo de ruidos molestos que generan las motos. El ex concejal de esa ciudad Carlos Olarte contó que intentaron establecer en 2012 que ninguna estación de servicio les vendiera combustible a los dueños de rodados con escapes libres. “Pero era una normativa de difícil aplicación; los motociclistas llegaban con los motores apagados, diciendo que se habían quedado sin nafta”, recordó. Ante el gran aumento de las motos en el parque automotor de muchos pueblos, los ruidos por los escapes libres siguen siendo un gran problema en La Perla del Sur, reconoce. Esta situación genera quejas permanentes de los vecinos.

En otras localidades del país, por ejemplo en ciudades de Córdoba, se han dictado ordenanzas que establecen el secuestro de las motos ruidosas y posteriormente la destrucción del caño de escape no reglamentario.

Visto en La Gaceta – Por Lucía Lozano

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