Seguridad

«La avenida de la muerte»: velas, carteles y un barrio que ya no aguanta más en la Colón

Tras la muerte de Rodrigo Rodríguez, vecinos de avenida Colón cortaron el tránsito y reclamaron cámaras, patrullajes y una garita policial en un corredor azotado por robos y homicidios.

"La avenida de la muerte": velas, carteles y un barrio que ya no aguanta más en la Colón

La noche del viernes, la esquina de avenida Colón y Malabia se transformó en el epicentro de un reclamo que venía gestándose en silencio. Familiares, amigos y vecinos de la zona marcharon con velas y carteles hasta el lugar donde, el 16 de agosto, murió Rodrigo Rodríguez, un joven tapicero conocido en el barrio, tras impactar su motocicleta contra un poste. Lo que inicialmente se trató como un accidente de tránsito, hoy es una hipótesis mucho más oscura que la familia busca instalar en la investigación.

¿Accidente o persecución?

Los familiares del joven sostienen que Rodrigo habría acelerado porque era perseguido por delincuentes que intentaban asaltarlo. Como respaldo de esa versión, mencionaron los registros del GPS de la motocicleta, que mostrarían un aumento repentino de la velocidad momentos antes del choque. Además, aseguraron que algunos residentes escucharon disparos previos al impacto. Ese conjunto de indicios deberá ser analizado por los investigadores para determinar qué ocurrió realmente en ese tramo de la avenida.

La muerte de Rodrigo no cayó en terreno neutral. A menos de 100 metros del lugar fue asesinado el cadete policial Kevin Rueda durante un intento de robo, y en ese mismo corredor había perdido la vida en 2020 Alejandro Sánchez, un cadete de delivery. La marcha reunió, de hecho, a familias de distintas víctimas de la violencia, que se abrazaron en el mismo asfalto donde sus hijos dejaron de existir.

«Mendigando justicia»

Los testimonios recogidos durante la protesta pintan un cuadro preocupante. Una vecina relató que durante las noches es habitual escuchar pasos sobre los techos; un kiosquero que trabaja de noche admitió que ya resulta difícil distinguir los disparos del ruido de los escapes de las motos. Ángela, otra residente, contó que hace una semana delincuentes persiguieron a una mujer que circulaba en moto y que solo se salvó porque aceleró tocando la bocina hasta que le abrieron una puerta.

El reclamo es concreto: cámaras de seguridad, patrullajes permanentes y una garita policial. Patricia, otra vecina, advirtió que ya iniciaron un expediente para solicitar la garita, pero que desde el Estado les respondieron que no hay presupuesto. Mónica Lizárraga, madre de Rodrigo, recordó que hace aproximadamente un mes se reunió con el jefe de Policía, donde le prometieron cambios que nunca llegaron. Desde entonces, se produjeron dos muertes más en la zona.

«La Colón se está convirtiendo en la avenida de la muerte», resumió María Pachilla, madre de Alejandro Sánchez, antes de cuestionar con dureza el tratamiento que reciben las familias de las víctimas: «Uno tiene que andar mendigando justicia, levantando un cartel para que le tengan lástima». Luciana Rodríguez, hermana del joven fallecido, hizo un llamado a la comunidad: pidió que cualquier testigo o persona con imágenes de cámaras de seguridad se comunique con la Policía y aporte el material.

La pregunta que queda flotando sobre avenida Colón es simple e incómoda: ¿cuántas velas más hacen falta encender para que la respuesta estatal llegue antes que la próxima tragedia?

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