River Plate volvió a contar con un Ángel. No en sentido figurado nada más: Ángel Correa desplegó una actuación de those que confirman que el delantero argentino se ha convertido en la pieza más desequilibrante del equipo de Leonardo Ponzio. El partido ante Independiente de Rivadavia, válido por la Liga Profesional, fue el escenario perfecto para que el ex Atlético de Madrid volviera a brillar con luz propia, aunque esta vez el gol no haya sido suyo.
La jugada que cambió el destino del partido
A los 27 minutos, cuando el encuentro todavía estaba abierto y cualquier cosa podía pasar, Correa tomó la pelota en campo rival, encaró con velocidad y, cuando parecía que el defensor Villalba lo encerraba, le escondió la pelota con un movimiento sutil que dejó al central llevándose puesta su propia pierna derecha. El resultado fue una falta dentro del área que Sebastián Montiel convirtió en el 1-0 con un penal impecable. Un calco de lo que había hecho ante Argentinos Juniors, cuando primeroó a Florentín y obtuvo la misma recompensa. Pero reducir el aporte de Correa a esa jugada sería un error grave: fue el mejor del primer tiempo y siguió siéndolo durante todo el complemento.
Química letal con Thiago Almada y magia para el hincha
Lo más destacado del partido no fue solo la acción individual, sino la conexión que Correa construyó con Thiago Almada. Producto de una química que viene en aumento —ya fueron compañeros tanto en la Selección Argentina como en el Atlético de Madrid—, el «Guayo» fue quien encabezó el ataque que derivó en el segundo gol. Correa armó una gran pared para dejar a Almada mano a mano con el arquero Volcato, generando el rebote que Galván aprovechó para poner el 2-0 definitivo. Y hubo más: deleitó a los hinchas del Monumental con gambetas imposibles, cambios de ritmo que desacomodaron a la defensa mendocina en varias oportunidades y lujos de calidad que hicieron que los presentes se levantaran de sus asientos en más de una ocasión.
Aun así, el delantero tuvo que conformarse con la asistencia y la titularidad en la creación de juego. Si no convirtió por cuarto partido consecutivo no fue por falta de oportunidades: el arquero de Independiente de Rivadavia le tapó un tiro desde lejos con una gran intervención, y en otra chance optó por no definir con su zurda, tirando la pelota por encima del arco. Aun así, su rendimiento fue tan sólido que cuando el cuarto árbitro le mostró el cartel de sustitución y salió en lugar de Mauro Arambarri, los hinchas no dudaron en aplaudirlo. Esa ovación es el reconocimiento a un jugador que partido a partido justifica los USD 15 millones que River invirtió en su pase, y que se está reencontrando con esa versión angelada que lo llevó a ser fijo en la Selección de Lionel Scaloni.




