En el corazón del Monumental José Fierro, con el termómetro de la Liga Profesional al rojo vivo, Rosario Central escribió una página de carácter. No solo por el valioso triunfo 3-2 ante Atlético Tucumán que lo mantiene líder de la Zona B y lo afianza en la pelea por la tabla anual, sino por el surgimiento de un nombre que ya resuena con fuerza propia: Julián Fernández. Y quien le dio la bendición futbolística máxima fue nada menos que Ángel Di María, el referente y estrella del equipo.
El gol de la consagración y el apodo en el vestuario
A diez minutos del final, con el partido empatado y la presión visitante acumulándose, Julián Fernández, el juvenil surgido de Vélez, se mandó una corrida infernal desde mediocampo, sorteó marcas y definió con precisión zurda para desnivelar el marcador. Fue el gol del triunfo, pero también el que le valió un reconocimiento que pocos reciben. En declaraciones posteriores al partido, Di María no ahorró elogios y reveló una anécdota íntima del plantel.
«Los chicos dicen que es mi hermano, mi doble», confesó el Fideo con una sonrisa. «Tiene una calidad muy grande, Vélez saca jugadores así. Lo está demostrando, se la jugó por volver al fútbol argentino», añadió, destacando la decisión del mediocampista de retornar al país. El paralelismo no es casual: zurdo, habilidoso, desequilibrante y con llegada al arco, Fernández parece haber encontrado en Di María no solo un compañero, sino un espejo en el que reflejarse.
Un presente brillante y un futuro por escribir
La victoria en Tucumán no fue un hecho aislado, sino la confirmación de un momento óptimo para el Canalla. Con 53 puntos en la tabla anual y el liderato en su zona con una diferencia de gol de +9, el equipo de Eduardo ‘Chacho’ Coudet y con Di María como estandarte, sueña en grande. «Vamos por todo, paso a paso, partido a partido», sentenció el exjugador de la Selección, marcando una hoja de ruta clara. La ilusión por volver a la Copa Libertadores y, por qué no, pelear el título de campeón, está más viva que nunca.
Di María también analizó el desarrollo del partido: «La verdad es que nos llevamos un triunfazo… Durante los 90 fuimos superiores. El triunfo era más que merecido». Sus palabras transmiten la convicción de un equipo que se siente dueño de su destino. Con un Di María en estado de gracia y un Julián Fernández emergiendo como la joya de la corona, Rosario Central tiene argumentos de sobra para mantener la ilusión intacta. El camino es largo, pero con el ‘doble’ del Fideo desatando magia, todo parece posible.
Fuente: LDT – Deportes – ole

