Reformas ocultas a los ojos del público en el Mercedes Sosa

Corren el telón, amplían el escenario y montan pasarelas para técnicos. Oli Alonso será el vicepresidente del Ente Autárquico del teatro.

El teatro Mercedes Sosa está en refacción, pero el público no verá su resultado. Los trabajos que se realizan están encarados para mayor comodidad y satisfacción de los elencos que se presentan y de los técnicos que se encargan de las luces, el sonido y la escenografía. Son mejoras ocultas, aunque de fuerte impacto.

“Era necesario optimizar el trabajo sobre el escenario, que es lo que te piden los productores. Hay limitaciones de estructura y de tamaño, como la falta de hombros (espacios sobre el escenario para que los actores esperen la entrada o para poner escenografía), pero lo subsanamos de esta forma. Esto es fundamental para estar más cómodos, no chocarnos y respetarnos todos”, señala Raúl Armisén.

El presidente del aún flamante ente autárquico (fue creado por ley a fines del año pasado) resalta que “tenemos un poco más que los otros teatros del NOA, por lo que hay espectáculos que nos eligen a nosotros como la puerta de entrada a la región; no es sólo por una cuestión de cantidad de butacas, sino porque técnicamente tenemos muchas cosas resueltas”. Anuncia además que, desde fin de mes, su vicepresidente será Oli Alonso, actual responsable técnico del teatro y con quien diseñó los cambios.

Armisén detalla las reformas que se están concretando: el telón de frente se corre hasta el proscenio, con lo cual se gana 2,20 metros y el escenario pasa a tener 11 metros de fondo en total; se montaron pasarelas a los costados a la altura de un primer piso, donde irá todo el equipamiento técnico y los encargados de manejarlo; se habilitó más superficie para los actores mientras esperan a entrar en escena; se va a pintar de negro el foso (desaparecerá a la vista) y se montarán más barrales para luces. El costo total en materiales ronda los $ 180.000, y la mano de obra es de personal del teatro.

“Teníamos un proscenio muy grande y desaprovechado, que quedaba fuera de luz y era incómodo. Hemos comprado más tachos y lámparas, que se van a poder montar tanto sobre el mismo escenario como desde la platea, porque vamos a instalar dos perchas en los laterales. En total, pasamos de sólo 40 luces que teníamos a más de 160, de distinta calidad, lo que nos obliga también a cambiar el tablero. Lo único que no compramos son tachos móviles porque costaba U$S 8.000 cada uno; si un productor los quiere, que los traiga o los alquilen acá”, puntualiza.

El teatro está esperando la llegada de una consola de sonido desde Miami que ya fue señada, pero que se demora por problemas de importación. Y en cuanto a las luces, Armisén adelanta que comprará una consola MA de $ 300.000, “la misma que tiene el teatro Colón, un lujo para este teatro y para el norte”.

Venta anticipada

Uno de los cambios sensibles en los hábitos de consumo cultural fue el aumento de la venta anticipada de entradas. “Hay mucha preventa que antes no existía, y sin necesidad de hacer publicidad. En Tucumán se compran tres veces más localidades que en Salta, nos imponemos en todas las cifras. Por ejemplo, Piñón Fijo viene el 27 de marzo y ya estamos lanzando la segunda función para las 17, porque la de las 19 está casi agotada”, señala.

El cambio de depender de la Secretaría General de la Gobernación a ser un ente autárquico simplifica las obras que se concretan. “Podríamos haber logrado todo esto, pero hay algunas inversiones que pueden no entender quienes no conocen el oficio. Me hubiesen mirado raro si pedía todo este dinero para cambiar el telón de lugar, cuando es un montón para subsidios. Esto complica menos a la administración, pero se mantienen todos los controles a cargo del Tribunal de Cuentas y se es más directo al momento de rendir cuentas, con menos pasos y mayor agilidad y velocidad”, agrega.

El Mercedes Sosa maneja una partida de $ 400.000 mensuales, pero su titular asegura que gasta menos. “Hay que mantener este edificio y hay que aprender muchas cosas ahora que tenemos pantalones largos. Yo escucho todo lo que me proponen, pero mi trabajo es racional y sólo acepto lo que es negocio, porque este es un negocio como cualquiera”, concluye.

“Este año es de despedida, mi gestión termina en octubre y quiero hacer lo mejor -explica Raúl Armisén-. Quiero dejar un teatro que funcione, operativo, exitoso, bien equipado y que haya marcado una manera profesional y seria de trabajar, respetando al público y a los artistas. Que el que venga lo duplique, lo mejore, lo cambie, que haga lo que quiera, pero quiero que el imaginario de la gente asocie al Mercedes Sosa a buenos momentos, a divertimentos y a cosas trascendentes en un teatro recuperado”.

Fuente: La Gaceta

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