La Gaceta: En Lomas de Tafí hasta los vecinos pueden perderse

La falta de señalizaciones convierte al gigantesco emprendimiento habitacional en un laberinto de casas y calles idénticas. Videos.

Son las tres de la mañana y Lomas de Tafí parece estar muy lejos de todo, como si la noche lo hubiese aislado en el fondo de un pozo. Esto siente Norma Hernández, una mamá a la que la taquicardia de su hija le provoca lágrimas de angustia. La ambulancia ya debería haber llegado, pero la calle está silenciosa. Desesperada y guiada por un presentimiento, sale a buscar a los guardias de seguridad privada (que ella y sus vecinos pagan) y les pide que si ven el vehículo guíen a su conductor hasta la casa. Pocos minutos después los médicos comienzan a atender a Andrea ¿Por qué demoraron? Había ocurrido lo que Norma imaginó: estaban perdidos en el laberinto del barrio gigante.

En Lomas todo es igual o muy parecido. Hacia donde se mire se multiplican casas idénticas. Existen diferencias, obviamente: algunos techos están cubiertos con tejas y otros con chapas; hay viviendas de dos pisos y se destacan aquellas a las que sus dueños rodearon con tapias o rejas. Pero, a pesar de los detalles, da la impresión de que el entorno está formado por innumerables paisajes calcados entre sí.

Norma, de 56 años, se mudó hace seis meses y el hecho que recuerda ocurrió hace dos (Andrea, de 22, padece hipertiroidismo, lo cual le genera bajas de presión y palpitaciones). La ubicación de la casa que comparte con su hija es privilegiada: está sobre la avenida principal del barrio y a menos de 50 metros de la delegación de la Municipalidad de Tafí Viejo (inaugurada oficialmente ayer en un sector del edificio que ocupan las oficinas del Instituto de la Vivienda). Estas referencias deberían bastar para llegar hasta ella sin problemas. Pero en este emprendimiento de casi 500 hectáreas y en el que ya fueron entregadas 3.600 de las alrededor de 5.000 casas proyectadas es más fácil perderse que encontrarse.

Andrea sale de la casa todos los días a las 7.30 camino a la Facultad de Bioquímica, donde estudia. Se va en colectivo, al igual que su mamá cada vez que debe viajar al centro para hacer trámites o visitar algún pariente. “Acá ni los vecinos nos ubicamos. Fijate: cuando yo vengo en el ómnibus por la Diagonal voy buscando el Gauchito Gil; al verlo, me levanto y toco el timbre. Si no es por esa referencia, no puedo ni llegar a mi casa”, reniega. Es que por la falta de señales que indiquen los nombres de las calles y los sectores del barrio hasta lo que debiera ser cotidiano se vuelve problemático.

Inútil pedir ayuda

Lo que ocurrió con aquella ambulancia perdida es un caso extremo. Las complicaciones por la falta de indicaciones genera otros trastornos mucho más pequeños, pero molestos. Detenidos algunos minutos en la intersección de la avenida principal y la continuación de la Viamonte se puede ver pasar el mismo vehículo varias veces. Sus ocupantes no están paseando, están perdidos. Y en muchos casos, pedirles ayuda a los vecinos es inútil.

“Ni uno sabe muy bien dónde está. Conocés lo que tenés cerca de tu casa y nada más. Y qué quiere que hagamos: no hay carteles, nadie sabe cómo se llaman las calles, la correspondencia no llega, no sabemos dónde está la parada del colectivo…”, enumera Ernestina del Valle Gómez, quien vive a metros de la esquina neurálgica del barrio.

Norma llegó desde el Piedrabuena y está contenta con su nueva casa. A pesar de la experiencia traumática que vivió durante la madrugada es optimista: espera que dentro de poco tiempo Lomas deje de ser un laberinto.

Fuente: La Gaceta

También te podría gustar...

Deja un comentario