Leandro Paredes no necesita deslumbrar con cada toque para cambiar el panorama. Su sola presencia en el campo, en un plantel, en un club, en un torneo, o incluso en un partido, tiene el poder de alterar la atmósfera general. La calidad técnica del mediocampista es indiscutible, pero su influencia va mucho más allá de lo futbolístico. El respeto que infunde, tanto en compañeros como en rivales, sumado a su jerarquía individual, lo posicionan hoy, sin lugar a dudas, como el mejor jugador del fútbol argentino. Si preferimos ser más precisos, es el futbolista más determinante que se observa en el campeonato actual.
Un capitán que inspira respeto y admiración
El efecto que Paredes genera en sus compañeros es palpable, pero es aún más impresionante su impacto en los adversarios e incluso en los árbitros. Un ejemplo claro de esto se vio en la revancha contra Vasco por la semifinal de la Copa Sudamericana. Más allá de la calidad de su juego, lo crucial fue la ausencia de oposición directa. Genera un respeto casi reverencial, al punto de que los jueces, a veces equivocadamente, le otorgan un margen de error adicional.
“No deja pasar un detalle, es un capitán”, comentaron varios jugadores, quienes luego no dudaron en levantarlo en andas y corear cánticos en su honor. La imagen que mejor resume su significado fue observar a jugadores de todas las edades, desde juveniles hasta experimentados, haciendo fila para fotografiarse con el campeón del mundo que regresó a Boca con la jerarquía necesaria para elevar el nivel del equipo y aspirar a un año repleto de conquistas.
Desde Flores hasta Merentiel, nadie quería perderse el recuerdo con el jugador que contagió una mentalidad ganadora, un espíritu de lucha inquebrantable, hasta el último minuto. Boca encontró su Messi, y la diferencia es abismal.
Fuente: LDT – Deportes – ole
