No es el jugador más glamoroso, ni el que genera la ovación más estruendosa. Pero Tomás Galván se convirtió, con el paso de los partidos, en una pieza insustituible para River Plate. El volante de 26 años, que regresó al club en enero de 2026 tras su préstamo en Vélez, ha demostrado ser un jugador decisivo, participando directamente en 11 goles (7 convertidos y 4 asistidos) en lo que va de la temporada.
El ADN goleador de un volante moderno
La influencia de Galván se potenció con la llegada de Leonardo Ponzio al banco. Bajo su dirección, el #26 metió un doblete en el triunfo ante Atlético Tucumán y fue clave en la victoria frente a Belgrano, donde abrió el marcador y asistió a Thiago Almada. Su rendimiento lo mantiene como titular en un plantel repleto de figuras, superando en minutos en cancha (2.951′ en 40 partidos) a la mayoría de sus compañeros de campo.
Su función es mixta: interno izquierdo con una practicidad y efectividad que lo vuelven productivo. En ataque, gesta jugadas desde el campo propio con pases cortos y precisos, se complementa con los laterales y genera peligro con su pegada desde fuera del área. En defensa, cubre los espacios cuando los laterales suben y colabora con el recuperación del balón.
Un historial que habla de jerarquía
Galván no solo acumula números, sino que aparece en los momentos cruciales. Su desempeño en la final del Apertura frente a Belgrano, a pesar de la derrota final, fue destacado. Incluso igualó una marca histórica del club: convertir al menos cuatro goles ante el mismo rival en tres encuentros diferentes en un año, algo que no ocurría desde Juan Pablo Ángel en 1998.
Ahora, con el clásico ante Racing a la vista y el Súperclásico en la Bombonera en el horizonte, Galván enfrenta el desafío de ratificar su rol preponderante. Ponzio, que lo ha titulado en sus siete partidos como DT interino, confía plenamente en el volante que Marcelo Gallardo pidió expresamente recuperar.
Fuente: LDT – Deportes – ole


