Hay derrotas que duelen y otras que espabilan. La que sufrió Belgrano ante River por 3-0 parece encajar en el segundo saco, al menos si se escucha la testimonial autopsia que realizó Ricardo Zielinski una vez apagados los reclamos en el vestuario. El Ruso no buscó atenuantes, no apeló al arbitraje ni al factor cansancio: puso el cuerpo entero de su equipo sobre la mesa del análugy y lo revisó con bisturí.
River hizo méritos y Belgrano no respondió
El estratega del Pirata reconoció con franqueza que el Millonario fue superior en los momentos decisivos del partido y que su equipo naufragó cuando tuvo que tomar el timón. «Jugamos mal, no jugamos bien. River hizo los méritos suficientes. Aprovechó los instantes en los que se definía, fue efectivo. Nosotros tuvimos alguna, no pudimos descontar. No pudimos sacarles la pelota, que era la idea. Tenemos que aprender de estos partidos», analizó Zielinski en declaraciones a la prensa.
El segundo gol fue el punto de inflexión que el técnico identificó con claridad quirúrgica. A partir de ese momento, Belgrano perdió el rumbo y no logró reaccionar con la posesión como herramienta. «Tras el segundo gol no manejamos la pelota como tuvimos que manejarla, independientemente de algunas situaciones para descontar», explicó el entrenador, señalando con precisión el tramo donde el partido se le escapó de las manos.
Un equipo con armas, pero sin consistencia
Más allá del golpe profundo que significa una derrota por tres goles frente a un rival de la talla de River, Zielinski mantiene la convicción de que su plantel tiene el nivel necesario para competir en la elite del fútbol argentino. El problema, según su lectura, pasa por otro lado: por la irregularidad que no termina de corregirse. «Estamos en condiciones de pelear con cualquier equipo. A veces jugamos bien, a veces mal», reconoció con honestidad.
El cierre fue tan directo como laistencia del Ruso acostumbra: «En líneas generales, no hay que buscar excusas. Cuando se juega mal, se juega mal». Pocas frases definen mejor la lógica de un entrenador que no se conforma con maquillajes y que entiende que la primera rehabilitación de un equipo viene por la palabra y por el reconocimiento honesto de los errores. Belgrano tendrá que apelear a esa misma verdad para enderezar el rumbo en un torneo que no perdona y donde cada punto vale oro.
Fuente: LDT – Deportes – ole

