La Bombonera vibraba con su ritmo habitual cuando Matías Galarza clavó el golpe que rompía un ayuno de un año y cinco meses. Pero el volante de Talleres no saltó al cuello de nadie, no corrió hacia la banda, no gritó con el alma. Tenía una razón poderosa para contener la euforia: del otro lado estaba el club del que es hincha, el mismo que en dos oportunidades quiso llevarlo a vestirse de azul y oro.
Un tanto que cruzaba sentimientos
El gol llegó en un partido más que especial para el cordobés surgido en Argentinos Juniors. Su último grito en la red había sido ante Instituto, en una caída por 2 a 1 por el Apertura 2025. Desde entonces, el reloj había marcado 17 meses de sequía personal. Romperla justamente en Brandsen 805 le puso un condimento emotivo difícil de igualar.
«Estoy muy contento de poder hacer un gol en esta cancha tan hermosa», reconoció Galarza en diálogo con la prensa tras el partido, sin hacer alarde de la paradoja. Con una mezcla de respeto y alivio, el mediocampista priorizó el resultado colectivo por encima de cualquier conflicto interno de pasiones.
El ida y vuelta con Boca
Lo cierto es que la historia entre Galarza y Boca podría haber escrito otro capítulo. El Xeneize lo tuvo en la agenda en dos oportunidades. La primera había sido en enero de 2024, cuando el futbolista todavía militaba en el Genk de Bélgica. La segunda apareció en septiembre de este año, tras la salida de Kevin Zenón con destino al Atlas de México.
Sin embargo, la operación se complicó por un fallo de la Cámara de Apelaciones que dio la razón a Boca en un reclamo histórico de Talleres por el pase de Cristian Pavón. La T deberá desembolsar 2,5 millones de dólares —más intereses— por un anticipo pactado en 2018 por una venta que jamás se concretó. La dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme intentó meter esa deuda en la negociación, pero desde el lado de Andrés Fassi pidieron seis millones de dólares y no hubo acuerdo.
Un grupo que se encuentra
Más allá del tanto personal, el futbolista valoró el momento del equipo. «Tenemos jugadores muy buenos, no puedo encontrar ni describir lo que le falta al grupo», manifestó Galarza, en una declaración que grafica la confianza instalada en el vestuario albiazul.
Con este gol, Galarza no solo se sacó de encima la mufa personal: también le agregó un capítulo a una novela de mercado que, con cada ventana de pases, parece tener capítulos pendientes. Y la Bombonera, que aplaude o increpa según el color de la camiseta, esta vez lo miró con la mezcla de respeto y resignación que solo el fútbol sabe provocar.
Fuente: LDT – Deportes – ole

