El olor a pólvora y conflicto volvió a impregnar La Ciudadela. Pero esta vez, la batalla no se libró solo en el césped durante el partido entre San Martín y Gimnasia y Tiro. Una guerra interna, silenciosa y subterránea, estalló a la vista de todos en las gradas, dejando al descubierto una lucha feroz por el control de la barrabrava. La hipótesis policial es clara y contundente: la facción «El Piolín» habría intentado un movimiento de avance sobre el sector principal de la tribuna para desplegar sus banderas, un acto simbólico de dominio que fue el detonante de una violenta reacción de «La Brava».
Un vacío de poder y 17 demorados
Para entender el mapa de esta interna, los investigadores ponen la lupa en una ausencia clave. Dos nombres históricamente vinculados al liderazgo de la barra de San Martín no estaban allí: Santiago «Cara i’ gota» Villafañe, detenido en el penal de Benjamín Paz, y Facundo Ale, bajo prisión preventiva domiciliaria a la espera de juicio por un tiroteo en Tafí Viejo. Este vacío de poder habría creado las condiciones para que otros grupos intentaran reconfigurar el reparto territorial y de influencia dentro del estadio. La pelea, que estalló en el segundo tiempo y se extendió por minutos con golpes y palazos, terminó con 17 demorados en las inmediaciones del estadio, presuntamente vinculados a «El Piolín».
La secuencia que intentan reconstruir los investigadores es de una precisión casi militar. El presunto avance de «El Piolín», la reacción de «La Brava» para desplazarlos, y el enfrentamiento que se desarrolló mientras el partido, extrañamente, continuaba. Desde otras partes del estadio, el repudio de los hinchas comunes se hizo oír con silbidos y el cántico «que se vayan todos», un clamoreo que ya es un triste clásico en el fútbol argentino frente a la violencia.
¿Una sola pieza de un conflicto mayor?
La investigación no se limita al episodio aislado. Los detectives analizan ahora un posible vínculo con otro hecho reciente: el presunto apriete al plantel de San Martín antes del partido frente a Güemes, donde habrían participado integrantes de «El Piolín» y otra facción llamada «Oeste II». ¿Es esta pelea un capítulo más de una disputa más amplia por el control de los recursos y la influencia alrededor del club? Esa es una de las preguntas que aún no tiene respuesta.
Mientras tanto, desde la institución de San Martín no hubo un comunicado oficial. Fuentes del club señalaron que la Policía actuó de oficio, expresaron el rechazo a la violencia y manifestaron desconocer los motivos profundos de los incidentes. El silencio institucional contrasta con el ruido de las pesquisas policiales, que ahora deben individualizar conductas, confirmar roles y establecer si lo sucedido en la calle, con corridas y balas de goma, fue la continuación directa de la batalla en las gradas. El interrogante central sigue flotando en el aire de La Ciudadela: ¿Fue esto un intento de golpe de tribuna que fracasó, o el primer round de una guerra que recién comienza?
Fuente: LDT G – Contexto Tucumán

