Rodolfo Arruabarrena, el entrenador que hoy conduce al equipo más en forma del fútbol argentino, vive una paradoja: a medida que Boca crece y extiende su invicto a 16 partidos, los desafíos se multiplican y las complicaciones aparecen. Tras la victoria ante Unión, el «Vasco» se encontró con la noticia de la lesión de Alan Velasco y, al mismo tiempo, con la necesidad de calmar las crecientes expectivas de una hinchada que ya sueña con títulos.
La baja inoportuna y el «partido médico»
La noche feliz en La Bombonera tuvo una mancha: la salida de Alan Velasco. El propio Arruabarrena actuó como vocero médico en conferencia de prensa, adelantando el diagnóstico. «No he hablado mucho pero creo que ha tenido un pequeño desgarro. Esperemos recuperarlo y tener opciones», declaró el técnico, confirmando un golpe importante para un plantel que se enfrenta a un octubre repleto de compromisos decisivos. La baja se suma a un contexto donde, como él mismo señaló, «el embudo es más finito y los partidos son más duros, más importantes».
El éxito con los pies en la tierra
Con un récord de sólo dos derrotas en sus 20 partidos al mando (ante Riestra y Huachipato), Arruabarrena podría permitirse cierta euforia. Sin embargo, su discurso es de una cautela extrema. «Voy a aburrir con lo mismo: vamos a tratar de pelear todo pero no ganamos nada. El hincha se ilusiona y está perfecto, pero nosotros bajamos un cambio. Como dicen ahora, anulo mufa. Me toco un huevo…», bromeó, utilizando el popular modismo para conjurar la mala suerte y mantener la concentración en el proceso.
El técnico destacó la inteligencia del grupo y cómo los resultados alimentan la confianza, pero fue claro en señalar que el camino recién comienza. Su mirada está puesta en la construcción diaria y en la capacidad del plantel para sobreponerse a las bajas, confiando en el trabajo realizado en el Predio.
Refuerzos, juveniles y el caso Flores
Arruabarrena también se refirió a aspectos claves del plantel:
- Lozano, una jerarquía: «Sabíamos lo que nos podía dar. Es un lateral con proyección, defiende, sabe atacar los espacios y técnicamente es bueno», elogió, aunque bromeó sobre la atención de la selección: «No voy a hablar mucho porque Forlán me lo lleva».
- La responsabilidad con los jóvenes: Hizo especial hincapié en el cuidado de las promesas, mencionando explícitamente a Cristian Medina. «Siento que está con los pies sobre la tierra, pero voy a seguir rompiendo las pelotas para que lo cuiden. Tiene hambre, ganas y una familia atrás que lo respalda», afirmó, reconociendo la presión adicional de las redes sociales, un fenómeno ajeno a su época como jugador.
El mensaje final del Vasco es de equilibrio: celebra el presente, confía en la estructura del club para afrontar las bajas y pide tiempo para un proyecto que, aunque luce sólido, considera que aún no ha cosechado ningún fruto tangible. La consigna es clara: seguir trabajando y, sobre todo, «anular mufa».
Fuente: LDT – Deportes – ole

